lunes, 23 de octubre de 2017

Cees Nooteboom: El desvío a Santiago



Idioma original: Holandés
Título original: De omweg naar Santiago
Año de publicación: 1992
Traducción: Julio Grande
Valoración: Muy recomendable



“España es brutal, anárquica, egocéntrica, cruel; España está dispuesta a ponerse la soga al cuello por disparates, es caótica, sueña, es irracional”. La afirmación está en las páginas iniciales de Desvío a Santiago, una recopilación de artículos escritos hace tres décadas por el ensayista, poeta y novelista holandés Cees Nooteboom (La Haya, 1933) que es el inventario literario de los motivos por los que este país paradójico y grotesco le fascina y mantiene en un estado de absoluta seducción. Y prosigue: “¿Qué se puede hacer con un país así? Odiarlo o amarlo, y creo que es por esa misma tendencia absurda y caótica de mi propio carácter por lo que he elegido lo último, y por eso estoy aquí a la hora equivocada…”, explica el escritor mientras se da de narices con la puerta de la catedral de una capital de provincia cualquiera, cerrada hasta dentro de tres o cuatro horas, hasta que la reabran después de comer, por la tarde.

En estos casi treinta artículos, Cees Nooteboom deambula especialmente por las montañas y mesetas interiores de ese país vacío y desolado, desviándose una y otra vez de las rutas principales para disfrutar de una ermita románica, de un paisaje solemne, de la silueta de un monte recortado frente al cielo rotundo, o de una perspectiva profunda bajo la luz inmisericorde. “Quizás sean las comarcas que yo visito. Por que es esto lo que quiero, lentitud, y sea cual fuera la ley que aquí gobierna, encuentro lo que busco. En un paisaje en el que un único árbol se ve a kilómetros de distancia, el tiempo se mide de otra manera. Por esa medida vengo aquí.” 

Llegados a este punto del trayecto, dejen que este precario reseñador –parido y criado en una playa mediterránea entre hordas de enrojecidos guiris en chanclas oliendo a aceite de coco, cuyo máximo interés por la cultura del país es ponerse tibios de sangría en la japiauar- les exponga su propia fascinación por la mirada fascinada del escritor holandés. Porque cuando acompañado de mis prejuicios paro en uno de esos pueblos varados junto a la carretera nacional y entro en el bar del Casino –a por alivio, refresco, café…- me parece caer de bruces en los versos de Antonio Machado, en la España que ora y bosteza, que ora y embiste. Cees Nooteboom nos brinda el retrato de un país de hace tres décadas y quizás las cosas hayan cambiado algo, quizás no demasiado, y esta distancia le da al relato un atractivo añadido por lo que nos permite de comparación. En los casinos de pueblo, desde luego, sigue hoy el mismo camarero aburrido y mal encarado, las moscas incansables, las noticias de TVE a volumen atronador… Aunque sí ha mejorado ostensiblemente la oferta gastronómica y hostelera, y ahora hay algo más que paradores, menús de incierta digestión y jarras de vino con la textura del cemento. Perdón por la dispersión, pues no se trata de eso: Desvío a Santiago no va para nada de exaltación turístico gastronómica.

En estas crónicas apenas hay diálogo con las personas que se van cruzando con el viajero. Sí en cambio una honda conversación interior sobre sus propias creencias, dudas, diferencias culturales, prejuicios morales y políticos, pasiones estéticas e inclinaciones metafísicas, místicas, espirituales. Convertidas en  excelente literatura. Todo ello sugerido, contrastado, detonado por las humildes iglesias que van apareciendo en los caminos solitarios, apenas dibujados en los mapas turísticos. Por los cuadros de Velázquez, Goya, Zurbarán o el Greco que suponen un aldabonazo a la sensibilidad humana y al ejercicio del pensamiento. Pasear por las calles arremolinadas de las ciudades medievales para sentirse inmerso en una corriente de tiempo que fluye con melancólica quietud, o dejar volar la imaginación con la lectura de Cervantes, Lorca, Santa Teresa o cualquier erudito local ensalzando las virtudes de la propia provincia. O contemplar complacido cómo un grupo de enfermeras de la Cruz Roja se lanzan alegremente a bailar sevillanas en el Rocío. Cees Nooteboom nos explica que se siente atraído por la belleza de estos paisajes, por la tradición artística de este complejo país, por el extremismo vital de sus paisanos, “porque creo que yo soy así por dentro”.

También de Cees Nooteboom en ULAD:  El día de todas las almasLuz por todas partes

domingo, 22 de octubre de 2017

Joyce Carol Oates: Marya

Idioma original: Inglés
Título original: Marya. A life
Traducción: Carmen Francí Ventosa
Año de publicación: 1986
Valoración: Recomendable

No creo que esta novela sea una de las mejores de Joyce Carol Oates, pero sí que creo que es una buena opción para acercarse a su narrativa. Y lo creo por dos motivos: porque se trata de una novela con una importante carga autobiográfica y porque en ella encontramos algunos de los temas que atraviesan de Oates.

"Marya" es una nueva crónica de la vida estadounidense contemporánea; esta vez, a través de la historia, desde la infancia hasta la madurez, de su protagonista. Y es, al mismo tiempo, la expresión literaria de un nuevo tipo de mujer (tengamos en cuenta que el libro data de 1986) que rompe con los esquemas preconcebidos, ya sea de hombres y mujeres de generaciones anteriores como, desgraciadamente, de sus contemporáneos.

En "Marya", Oates realiza una presentación realista, aunque no exenta de cierto lirismo, de ambientes económica y socialmente deprimidos, cargados de locura, machismo y violencia, ya sea explícita o implícita. En ese ambiente tendrá lugar la evolución personal de una mujer, ante todo, solitaria.

Pero, además de ser realista es verosímil. De hecho, la parte que narra la difícil infancia (muerte del padre, abandono de la madre, vida con sus tíos y primos, etc) y  adolescencia de "Marya" es, para mí, la más interesante del libro. Destaca la capacidad de Oates de meterse en la piel de una niña de 8-9 años sin caer en tópicos o cursilerías, de contar el horror cotidiano al que asiste "Marya" con toda la ferocidad de la inocencia. También la confusión y los vaivenes de la adolescencia, rapto casi místico incluido, merecen una mención.

A partir de ahí, a partir de la entrada de Marya en la Universidad y en la "vida adulta", la novela decae. A pesar de que el tratamiento de "grandes" temas como la amistad, el amor, el sexo o las dificultades de Marya en su vida profesional por su mera condición de mujer resulta más que interesante, me da la impresión de que, por momentos, la novela se vuelve un tanto farragosa (demasiadas páginas dedicadas a la vida académica que no aportan demasiado) y repetitiva. Tengo la sensación de que sobran páginas. 

Por último, el final me resulta demasiado abrupto, no me acaba de convencer. Y no lo hace porque no encuentro especial justificación al momento elegido por Oates para poner punto y final a la historia. Podría haber sido mucho antes o mucho después, no lo termino de ver claro.

De todas formas, y pese a que creo que esta se trata de una obra "algo menor" dentro de la extensa bibliografía de Joyce Carol Oates, resulta un libro interesante, en especial sus 150 primeras páginas (más o menos)

Otras obras de Joyce Carol Oates en ULAD.


sábado, 21 de octubre de 2017

Bandi: La acusación


Idioma original: coreano
Título original:  고발 [Gobal]
Año de publicación: 2017
Traducción: Hye Young Yu , Héctor Bofill
Valoración: bastante recomendable

Emitir una valoración sobre un libro como este, más cuando uno se obliga a que ésta sea inteligible, es una tarea que requiere una puesta previa en contexto.
Para ello, basten un par de detalles. Ni la etiqueta "escritores norcoreanos" ni "libros bajo pseudónimo" habían sido activadas a lo largo de los ocho años largos de historia de este blog. El motivo es sencillo: el hermetismo de la dictadura hereditaria del país asiático actúa de manera contundente como barrera y obstaculiza la difusión de sus autores, y éstos solo pueden publicar sus obras de forma clandestina y a costa de exponerse (a ellos, a sus familias actuales, a generaciones venideras) a duras represalias. Y Bandi es, claro, un pseudónimo, porque lo que se explica aquí, incluso eludiendo detalles,  me parece tan verdadero como terrorífico, aunque surja el impresentable de turno que se obstine en negarlo y en achacarlo a una especie de conspiración, no creo que tanta coincidencia obedezca a la fantasía. Ya es el cuarto libro que leo sobre este país y he intentado compensar las fuentes y, el camarada Cao de Benós me perdonará, aunque está claro que la temática dispone (vía morbo o vía lo que sea) de un innegable atractivo comercial, lo que denuncian los siete relatos de este libro parece ser cierto, y si es cierto yo no puedo calificar al régimen de Corea del Norte como otra cosa que una perversa organización criminal amparada bajo el pretexto de proteger a un pueblo al que oprimen y martirizan de forna cruel y sistemática. Mala gente, esta dinastía de tiranos que aislan a su pueblo pretendiendo que se trague la sarta de tonterías que se les atribuye a abuelo, padre e hijo. 
Pero claro: la mano levantada. La mano en forma de sistema de información y de traición y de maquinación cuyos extremos, relatan estos cuentos, son terroríficos. De forma perversa, sin nada que envidiar a lo más nauseabundo del nazismo. Familias represaliadas por las acciones o las sospechas de las acciones de uno de sus miembros. Menudo acto de justicia sería que semejante alimaña, la cosa suprema o como esté disponiendo ser denominado, fuera descabalgado del poder junto con sus secuaces y tuviera que responder algún día de sus tropelías crueles y caprichosas.
Una cuestión que también manifiesta esta lectura es el difícil acceso del lector norcoreano a la obra narrativa actual. Estos cuentos mantienen una tonalidad algo naif, alejada de los complejos mecanismos de las obras de hoy en día, mostrándose a la vez "pura" por su condición de intento de comunicación como por su falta de adulteración de algunas de las manías en boga en la literatura, en esa literatura en que muchos se creen que leer mucho a Faulkner es ser Faulkner. Es decir: son historias lineales y comprensibles y eso las humaniza aún más, les dota de una pátina ingenua y escalofriantemente cercana. A pesar de que respondan a los estereotipos que vienen publicitándose, rehuyen lo truculento para abordar más lo psicológico. Seres que han de habilitar permisos para desplazarse dentro del país ante el anuncio de una madre agonizante. Burocracia en todos los grados de la crueldad más arbitraria. Personas marcadas por hechos de sus conocidos o familiares. Hambre, cómo no, reeducación, delación, purgas, el individuo asediado a la vez por lo absurdo y lo criminal. Menuda pandilla de gobernantes, la aristocracia falsamente proletaria que se ha montado Kim Jong Un y su séquito de impresentable, que queda descrita aquí con la suficiente claridad y sutileza como para no dejar dudas sobre su veracidad.

viernes, 20 de octubre de 2017

Deborah Levy: Nadando a casa

Idioma original: inglés
Título original: Swimming Home
Año de publicación: 2011
Traducción: Susana de la Higuera Glynne-Jones
Valoración: está bien (supongo...)

Veamos: novela corta, compacta, con pocos escenarios y tan sólo un puñado de personajes: se trata de un famoso poeta que pasa las vacaciones con su familia y unos amigos en una villa de la Costa azul, cerca de Niza. Comienzo llamativo, prometedor: un día en la piscina de la finca aparece desnuda una hermosa y enigmática joven -tranquis, que no está muerta; esto no va de crímenes-, que es invitada por la esposa del poeta a quedarse con ellos... Todo apunta a tragicomedia sobre las debilidades y contradicciones de la clase burguesa intelectualoide, con la chica, Kitty Finch, actuando de catalizador. Prosa más que correcta, por otra parte; "esto me lo ventilo yo en una tarde", piensa uno...

Pues que si quieres arroz, Catalina... me ha costado un número inconfesable de días terminar esta novelita. Sin duda, no es culpa suya; ya digo que creo que cualquiera podría con ella en una tarde, a lo sumo dos. Y es cierto que tanto mis circunstancias personales como los acontecimientos políticos (para qué les voy a contar) han hecho que me dispersara lo impredecible con esta lectura. Que, por otra parte, de cómica tiene muy poco y sí bastante de tragi-; amén de que la figura de Kitty sí resulta ser un catalizador de los problemas larvados, aunque no exactamente como yo preveía... (esto, he de decirlo , me parece lo más interesante de la novela). Fatalismo, autodestrucción y desequilibrio como ingredientes fundamentales del plato. Desencuentro. Infelicidad. Desamparo existencial, si se quiere... En suma, una serie de cosas que hacen que una historia más o menos dramática no pinte mal, lo que supongo que significa que está bien. O viceversa.

Pero el caso es que, al final, lo que se impuso fue el ruido de fondo, lo que impidió que este mediocre lector se concentrara y ahora, más aún, le impide dar un dictamen consistente sobre lo leído. Porque si, como se dice, es el lector el que escribe o al menos completa un libro cada vez que éste es leído, a mí me ha salido un libro difuso, fragmentario e irregular. Cosa que, probablemente, no sea cierta, si quien lo lee es uno de vosotros. Pero también puede que, si una narración, por interesante que nos parezca a priori, no logra mantener nuestra atención, subyugarnos, por decirlo así, entonces tampoco cumpla su primera función. Que no es la de enseñarnos cosas, entretenernos ni deleitarnos con la belleza del lenguaje, sino absorbernos, arrebatarnos y mientras duren sus páginas otorgarnos un plus de vida, una intensificación de nuestra existencia como no podría hacerse de otra manera...

Aunque igual estoy equivocado ¿qué opináis?



jueves, 19 de octubre de 2017

Stefan Zweig: Clarissa

Idioma original: alemán
Título original: Clarissa
Año de publicación: 1976
Valoración: inclasificable

Empezaré la reseña explicando el porqué de esta inusual valoración. Este libro se publicó de forma póstuma y es un libro inconcluso. Debido a este aspecto, es difícil calificarlo debidamente puesto que el final es totalmente abierto y uno es incapaz de saber cómo tenía pensado Zweig terminarlo, e incluso hacia donde avanzar la trama (aunque sí se indican brevemente las intenciones del autor en los capítulos finales). Si tuviera que hacer una valoración lo dejaría en un «está bien», siendo consciente que sería algo injusto hacerlo (al ser inconcluso) aunque también es cierto que debemos valorar el libro por lo que es y no por lo que promete (o prometía).

El libro trata sobre Clarissa, protagonista absoluta de la novela. Ya en un inicio, el autor nos narra la infancia de la protagonista y el frío ambiente familiar en el que crece, viviendo desde pequeña aislada del resto de su familia. Huérfana de madre, quien muere durante el parto, el núcleo familiar está formado por su hermano (quien casi no aparece en la novela) y su padre, militar ausente volcado absolutamente en el trabajo haciendo tareas de documentación. Las funciones del padre radican en recabar tanta información como sea posible sobre las tropas enemigas, tarea que desempeña con una minuciosidad extrema. El carácter del padre, quien carece de la capacidad de demostrar afecto, marca la relación con Clarissa, y sus charlas (ocasionales) se reducen principalmente a comprobar que su hija progresa como se espera de ella en el colegio. De esta manera, con la misma exigencia, rigor y meticulosidad que aplica al trabajo educa a su hija (desde la distancia), dejando de lado cualquier acto o gesto cariñoso hacia ella, sin mostrarle ternura ni afecto. En este entorno frío y solitario crece Clarissa, hasta que llega a la edad suficiente para empezar su carrera profesional como ayudante de un profesor, quien la enviará a una conferencia en Suiza. Allí se abrirá su mundo y conocerá a Léonard, un joven francés de quien se enamora. Pero los tiempos son convulsos en la Europa de 1914, y los caminos de Austria y Francia no van en la misma dirección.

Con esta premisa, y sirviéndose de la Primera Guerra Mundial como telón de fondo, Zweig nos narra una historia donde la guerra, las relaciones, los deseos y la corrección se entretejen hasta elaborar un retrato de Europa de principios de Siglo XX. Así, encontramos en Clarisa muchas características de la obra de Zweig como la relación sentimental entre personajes y hasta sus características: él comedido y prudente, ella agradable e inquieta. En este libro póstumo también aparece mencionada la figura de Montaigne, al que Zweig admira como ya demostró en la biografía que publicó sobre el humanista (reseñada también en ULAD). Y es que la obra de Zweig, como es habitual en él, gira en torno a sus personajes, a sus fragilidades y aspiraciones, a la rectitud y la delicadeza de los corazones que buscan sentirse arropados por almas parecidas.

Escrito con prosa ágil, la obra se lee con la calma que el propio libro imprime, contagiándose uno de la belleza siempre existente en la narrativa de Zweig. Sin embargo, y sin poner en duda la calidad literaria del autor (sería casi un sacrilegio), hay cierta repetición de temas y planteamientos que ya encontramos en muchas de sus obras y este hecho reduce el impacto causado por su lectura. Las similitudes son evidentes más allá de su estilo, y la trama se desenvuelve en un entorno parecido al que podríamos encontrar en «La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón» o «Carta de una desconocida». A medida que uno avanza en la lectura de este libro, tiene la sensación de haber leído algo parecido antes, y la reiteración de temas y enfoque ya no sorprenden. Eliminado el factor sorpresa en su obra, queda la calidad de su escritura. Con eso al menos sí nos podemos quedar y, tratándose de Zweig, no es poco.

Otras obras de Stefan Zweig en ULADEl mundo de ayer¿Fué él?Fouché. Retrato de un hombre políticoMendel el de los librosMaría AntonietaTiempo y mundoCarta de una desconocidaNovela de ajedrezVeinticuatro horas en la vida de una mujerViaje al pasadoLos ojos del hermano eternoLas hermanasMontaigne, La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón

miércoles, 18 de octubre de 2017

Claudio Magris: No ha lugar a proceder

Resultado de imagen de no ha lugar a proceder amazonIdioma original: italiano
Título original: Non luogo a procedere
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable



No ha lugar a proceder nunca podrá ocultar su autoría. No solo por la particular forma de entender la literatura de Magris, sino porque así lo evidencian su enorme erudición, esos fantasmas tan suyos (Trieste, la historia entendida como apoyo de ideas o la conflictiva convivencia entre los pueblos) y las huellas de una dilatada trayectoria ensayística.
A la ciudad donde nació le dedicó un ensayo hace una década, las vicisitudes del panorama europeo se encuentran descritas –a su modo– en el magnífico El Danubio. A pesar de su talante, conciliador y contrario a totalitarismos, el autor no pierde de vista la complejidad del tablero de ajedrez en que vivimos. Por eso, la gran pregunta que, entiendo, plantea esta novela, a saber, ¿es posible erradicar la violencia? se responde implícitamente, como no podría ser de otro modo, sin ingenuidad aunque con un atisbo de esperanza.
Esta es una forma de narrar que me atrae particularmente, pero intentaré no dejarme llevar por el entusiasmo, o no mucho, para no confundir –y esto es un aviso a caminantes– a los partidarios de un relato más convencional. Se la clasifica como novela porque en ella aparecen personajes ficticios que actúan y sobre los que actúan las circunstancias, pero son más bien estas: la historia, la geografía, la política, incluso el azar quienes van dejando su huella en ellos. De ahí esa indefinición de los personajes, que casi podríamos ser cualquiera, y ese empeño en situarlos dentro de un marco tan amplio como sea posible. Con esto, Magris traslada a los lectores su personal concepto del mundo, nos resume su pensamiento actual –tras tantos años de vida, lecturas, viajes, escritura, y curiosidad por el ser humano– utilizando lo que se ha denominado género híbrido, en realidad una mezcla de géneros, que en este caso abarcaría la narración, el ensayo y la historia. Un texto que, siguiendo una tendencia ya poco novedosa pero todavía muy actual y muy en sintonía con los objetivos del autor y con su forma de entender la literatura, apuesta por el relato fragmentario (a base de anotaciones, datos, frases, retazos de la historia), por personajes con rol pero sin rostro –excepto los dos principales–, por alternar tiempo y espacios, por la divagación, la acumulación de datos, las enumeraciones y todo lo que pueda dar consistencia a eso que quiere transmitir y que, al no hacerse de forma explícita sino, como los impresionistas, mediante pinceladas conceptuales, el lector tendrá que recomponer extrayendo sus propias conclusiones.
La prosa –impecablemente traducida por Pilar González Rodríguez– es rápida, nerviosa, en zigzag, para poder cambiar sin previo aviso de escenario, personaje o época.
No creo que me equivoque si afirmo que se trata de una sátira del comportamiento humano. Y, como todas las sátiras, parte de una situación, absurda en principio, pero real en este caso, aunque solo como punto de partida: alguien, un paisano del autor, anuncia en la prensa de 1963 la compraventa de material bélico con el propósito de exponerlo en una especie de museo de los horrores que serviría de mensaje antibelicista. Tal como aclara Magris en su nota final –y la necesidad de este mensaje aclaratorio es lo único que, en mi opinión, desentona en el conjunto–, todo el resto de la trama, así como los rasgos de los personajes y los datos de todo tipo que incluye, le pertenecen por completo.
El triestino que dedicó su vida a una misión de esa envergadura tiene nombre y apellidos, no así el protagonista de la novela, por cierto, fallecido ya desde el inicio en un supuesto incendio del local que iba a alojar su proyecto. El lector se enfrenta, pues, a los pensamientos y recuerdos de la encargada de continuarlo, Luisa Brooks, doctora, antigua alumna del personaje principal e hija de la desolación nazi, con una historia a sus espaldas de culpas y silencios, que repasa anécdotas de su familia o la vida de una tal Luisa de Navarrete –secuestrada por indígenas, fugada años más tarde, delatora a la fuerza– cuyo nombre se le impuso con la idea de honrar su memoria, y describe los elementos que se van incorporando al museo, su disposición y recursos didácticos, la misantropía de su mentor, la vida casi monacal que llevaba, su organizado y altruista síndrome de Diógenes. Y para compactar esa mezcla salpicada de metáforas y símbolos, el telón de fondo del nazismo, sus mandamases–comparados en algún momento a los cactus– convertidos muchos de ellos en ciudadanos respetables a la llegada de la paz gracias a un puñado de cómplices. Además, un escenario fundamental, la ciudad natal del autor, tierra de tránsito y miscelánea de culturas, que albergó en la Risiera de San Sabba el único campo de concentración de Italia, en cuyas paredes se grabaron nombres que alguien borraría más tarde dejando a los culpables impunes.


También de Claudio Magris: El Conde y otros relatos, El infinito viajar

martes, 17 de octubre de 2017

Rubem Fonseca: Bufo y Spallanzani

Idioma original: portugués
Título original: Bufo & Spallanzani
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable

Gracias a dios que hace tiempo que la novela policiaca no se considera como un género menor, sin importancia o interés; ya casi nadie se atrave a despreciar un género que nos ha dado las novelas de Camilleri, Petros Markaris, Manuel Vázquez Montalbán o Leonardo Padura, por mencionar a unos cuantos. Y es en esa digna tradición de la novela policiaca bien escrita y bien pensada donde se sitúa Rubem Fonseca, escritor brasileño de justa merecida fama internacional.

Hace ya algún tiempo que reseñé por aquí El seminarista, una novela que clasifiqué como "divertida"; sin embargo, después de leer Bufo y Spallanzani, aquella otra empalidece y parece claramente una obra inferior, por su menor complejidad y ambición. En Bufo y Spallanzani, el enredo policiaco existe (de hecho adopta la clásica forma del whodunit, del crimen violento que el detective debe resolver), pero este enredo es secundario en una obra que juega a crear distintos niveles narrativos y textuales superpuestos, casi como Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino aunque con más humor.

En realidad, crímenes hay tres, sucedidos en tres momentos y lugares diferentes: el asesinato de la millonaria Delfina Delamare; el supuesto fraude de un hombre que se finge muerto para cobrar el seguro; y el asesinato de una mujer en una villa de retiro en medio de la selva. Lo que los tres crímenes tienen en común es la coincidencia de dos personajes: el escritor (y narrador encubierto de la novela), Gustavo Flavio, antes conocido como Ivan Canabrava, y el policía Guedes, que se encargará de investigar los tres crímenes en distintos momentos de su carrera.

Pero como digo, lo de menos es al final descubrir quién cometió los tres crímenes; lo mejor es el juego de historias dentro de historias; de voces que se suplantan unas a otras, con distintos nombres y distintas personalidades; las autoreferencias metaliterarias (el escritor Gustavo Flavio está obsesionado con escribir una novela titulada Bufo & Spallanzani) o el sentido del humor propio de Rubem Fonseca, que se manifiesta en su estilo desenfadado (que, una vez más, no sé cómo habrán conseguido mantener en la traducicón española), y en la galería de personajes alocados que rodean a los protagonistas y que crean un mundo tan irreal como creíble.

Tengo entendido que esta es la obra maestra de Rubem Fonseca, y como decía al principio, comparándola con El Seminarista se ve claramente que existe en esta una mayor ambición, una complejidad mucho mayor y un deseo consciente de experimentar con la forma y con el género. En todo caso, si la calidad de las obras (y el placer de lectura que proporcionan) se mantiene en el nivel de estas dos, no cabe duda de que vale la pena seguir leyendo al escritor brasileño. Sobre todo, si eres amante de la buena literatura policial.